VARIEDADES

Insectos en la escena del crimen: cómo la entomología forense ayuda a esclarecer los casos más difíciles

Insectos en la escena del crimen: cómo la entomología forense ayuda a esclarecer los casos más difíciles

Cuando José Enrique Abuín, el Chicle, alegó durante el juicio por el asesinato de Diana Quer que cometió un homicidio involuntario y se deshizo del cuerpo de forma no premeditada, desconocía que unos testigos diminutos iban a ayudar a probar que lo que estaba diciendo no era verdad. El acusado declaró que había matado a la joven por asfixia involuntaria, y que aquella misma noche arrojó su cuerpo al fondo del pozo, donde no regresó hasta que, acorralado por las evidencias, guió a los agentes de la Guardia Civil 497 días después. Sin embargo, las pruebas científicas aportadas por una entomóloga desmontaron su versión.

Del análisis de cinco pupas de mosca localizadas en el pelo de la joven, se pudo concluir que el cuerpo flotó en el agua durante al menos 20 o 22 días, antes de ser lastrado hacia el fondo con dos grandes bloques de ladrillo. En concreto, se trataba de cinco moscas de la especie Synthesiomyia nudiseta en fase de pupa, un estadio de su desarrollo posterior al larvario. Los huevos del insecto solo podían haber sido depositados en un cuerpo inerte, y las pupas no hubiesen podido completar su ciclo de tres semanas si no hubiesen estado expuestas al aire, por lo que demostraban que el acusado regresó después al pozo para asegurarse de que la fallecida desaparecía bajo el agua.

El asesinato de Diana Quer, uno de los casos más mediáticos de los últimos años, es quizá también uno de los mejores ejemplos recientes de cómo los insectos pueden aportar pistas cruciales para ayudar a esclarecer no solo crímenes, sino también todo tipo de delitos, gracias a una rama científica que tiene cada vez mayor peso: la entomología forense.

Descubierta para el gran público por la serie estadounidense CSI, a comienzos de los años 2000, esta disciplina ha tenido sobre todo predicamento en Estados Unidos, donde el FBI lleva décadas aplicándola. En otros países como España también ha experimentado un importante crecimiento durante los últimos años, tanto en el número de trabajos como en el de grupos de investigación, aunque sin llegar al nivel estadounidense. A este auge también han contribuido los últimos avances en técnicas moleculares, que han mejorado significativamente los resultados de las investigaciones criminales.

«En España, la entomología forense es un campo en claro crecimiento. Se emplea desde hace mucho tiempo, pero en los últimos años se ha hecho cada vez más habitual, gracias también a las técnicas de ADN que permiten identificar con mayor precisión insectos y gran parte de la información que guardan», explica a RTVE.es José Luis Viejo, catedrático de Zoología de la Universidad Autónoma de Madrid.

Según puntualiza, «en nuestro país hay tres grupos muy potentes en esta área, dentro del ámbito de la biología: uno en la Universidad de Alicante, otro en la Universidad de Alcalá de Henares y otro en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza», que habitualmente llevan a cabo peritaciones por encargo. A ellos se unen los entomólogos forenses que trabajan directamente en el ámbito judicial, o en la Policía Científica, que «cuenta con unos laboratorios maravillosos». «En España, la cualificación de la Policía y de la Guardia Civil en esta especialidad es alucinante», valora.

Artrópodos como los dípteros utilizan los restos orgánicos como alimento y como extensión de su hábitat.
Artrópodos como los dípteros utilizan los restos orgánicos como alimento y como extensión de su hábitat. GETTY IMAGES

Insectos necrófagos

La entomología forense se basa, sobre todo, en los insectos necrófagos, que se alimentan de los cuerpos en descomposición. Pocas horas después de su muerte, en los cadáveres comienza a producirse una colonización sucesiva de artrópodos que utilizan los restos orgánicos como alimento y como extensión de su hábitat. Cada estadio de descomposición atrae selectivamente a una especie determinada, lo que permite, entre otras cuestiones, estimar el tiempo trascurrido desde la muerte de un individuo o si el cuerpo ha sido trasladado.

«Los insectos aportan una información inmensa, desde el lugar hasta la fecha de muerte, o el tiempo que lleva el cuerpo expuesto», considera José Luis Viejo, quien detalla que «los cuerpos recién muertos son inmediatamente colonizados por dípteros, por moscas, que ponen en él sus huevos. Después van a venir otras cohortes de insectos, que pueden ser o no dípteros, pero que en todo caso son diferentes, y su desarrollo es diferente».

Pero la aplicación de esta disciplina científica, tal y como continúa explicando, no se reduce exclusivamente a casos relacionados con muertes y asesinatos. «Sirve para otras muchas cosas, como por ejemplo, para determinar rutas de coches viendo los insectos que han impactado contra la matrícula, el radiador o el parabrisas; y también puede usarse para aclarar si la importación de mercancías es legal o ilegal, determinando si los datos de procedencia son reales, ya que con las mercancías suelen venir muchos insectos», manifiesta, y añade que «también pueden actuar como chivatos en el contrabando de drogas, para desvelar las rutas del narcotráfico; o en el movimiento de grupos terroristas y secuestradores».

Una ciencia cada vez más especializada

La entomología forense en España ha experimentado un proceso de especialización paralelo a su crecimiento, puesto que en el pasado la mayor parte de los criterios aplicados se adoptaban directamente de Estados Unidos, los pioneros en este campo. Pero ni se trata de las mismas especies de artrópodos, ni sus fases de desarrollo son las mismas, «por lo que los datos locales son fundamentales». «Un entomólogo forense que se haya formado en Estados Unidos, cuando llegue a España tiene que volver a aprender muchas cosas, porque aquí la biología es diferente», explica Viejo.

Según comenta este zoólogo, «el contexto es fundamental, y también las condiciones biológicas», porque «es muy diferente un clima frío, en el que las larvas tardan más en desarrollarse, que un clima cálido, y por eso hay una serie de parámetros diferentes». «No es lo mismo un entorno tropical que el de España. Y en España, tampoco es lo mismo el verano que el invierno, y tampoco es lo mismo Asturias o Galicia que Canarias», subraya.

Series como CSI o Bones han dado a conocer al mundo los secretos de la entomología forense, pero también han hecho que miles de espectadores la asocien con la ficción, aunque se trate de una especialidad muy real que además está en auge, apoyándose en otras mejoras científicas que le han aportado una mayor precisión, como los avances en técnicas genéticas. Dípteros, coleópteros y otros artrópodos son testigos silenciosos en todas las escenas de los crímenes, y constituyen una ayuda muy valiosa para las investigaciones policiales.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba